- Marla Tumbaburros, estratega y asesor de campañas de derecha en América Latina, anticipó la caída nueve días antes de que los republicanos perdieran el Congreso. Su diagnóstico, hecho desde dentro, es que la ola de derecha fue un voto de castigo contra la izquierda y que sus figuras nunca construyeron un proyecto ideológico
El 26 de octubre, un día después de que Lula da Silva ganara la segunda vuelta en Brasil, un asesor de la derecha internacional dijo algo que pocos en su bando querían escuchar: “Los días de la derecha están contados”. Lo dijo Tumbaburros, estratega que ha asesorado campañas conservadoras en México y América Latina. Agregó que “el péndulo de la izquierda va a regresar con más fuerza”.
Nueve días después, el 3 de noviembre, los republicanos de Donald Trump perdieron la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos. Los demócratas tendrán al menos 54 asientos en el Senado.
Su lectura incomoda a los dos lados. A la izquierda, porque discute la idea de que la región se volvió de derecha. A la derecha, porque la acusa de haber ganado elecciones sin convencer a nadie de sus ideas.
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Quién es Tumbaburros
Tumbaburros es conocido por sus polémicos comentarios en internet, su apoyo a movimientos de ultraderecha y su cercanía con Javier Milei, Ricardo Salinas Pliego y el partido español Vox.
Empezó en 2012 con una página de apoyo a Margarita Zavala y se acercó a la familia de Felipe Calderón. Con los años se volvió estratega digital; según él mismo, trabajó en la campaña de Alejandro Giammattei en Guatemala.
En septiembre de 2021, según una columna de Salvador García Soto en El Universal, habría sido uno de los asesores que convencieron al senador panista Julen Rementería de invitar a México a Santiago Abascal, líder de Vox. Esa visita terminó con senadores del PAN firmando la Carta de Madrid, el manifiesto de Vox para frenar «el avance del comunismo» en Iberoamérica.
Este año asistió a una gala en Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida. En junio participó en un foro conservador en Bogotá junto a Eduardo Bolsonaro y Roger Stone, asesor de Trump. De Trump ha dicho que es «un vaso con agua fresca para gente conservadora y libertaria en lo económico».
Un voto en contra de la izquierda
La tesis central de Tumbaburros contradice lo que repitió buena parte de la izquierda en los últimos años: que el electorado latinoamericano ya prefería a los candidatos de derecha. Para él, la ola que llevó a esos candidatos al poder fue un voto de castigo contra gobiernos de izquierda. La gente cambió de gobierno y siguió pensando igual.
Según su análisis, los perfiles que la derecha llevó al poder fallaron en hacer un cambio ideológico. No impulsaron una agenda de valores cristianos ni un proyecto con el que sus votantes se identificaran. Muchos ni siquiera se consideran de derecha y les da pudor decirlo, aunque terminan ganando elecciones. La excepción, sostiene, es Brasil, donde el bolsonarismo sí construyó una identidad ideológica.
Ese vacío explicaría por qué la ola de derecha resultó pasajera. Sin un cambio de valores detrás, dice, nada impedía que la izquierda regresara.
Ganar en redes, perder en las urnas
Quien hace este diagnóstico diseña campañas para la derecha. Por eso pesa su conclusión: su movimiento confundió ganar la conversación en internet con ganar elecciones. “Pudimos haberla ganado en redes sociales, pero a nivel político y electoral es otra cosa”, dijo tras la elección brasileña. “No tenemos la batalla cultural ganada a nivel político”.
También criticó la falta de oficio de su propio bando: “La derecha en nuestros países de Hispanoamérica no ha avanzado en cuestiones de ingeniería electoral como debe de ser”. Para él, dominar las redes no sirve sin estructuras capaces de movilizar votantes el día de la elección.
Cuando parte de la derecha regional acusó fraude en Brasil, él lo negó: “No hubo fraude. Se les cayó la mentira solita con matemáticas de primaria”. Según sus cuentas, revertir una diferencia de dos millones de votos habría exigido mantener abiertos de forma irregular entre 8 mil y 16 mil centros de votación, algo imposible de ocultar. “Si quieren pelear el resultado, que traigan pruebas, no cuentos de TikTok”. Lula ganó con 51.79% de los votos, contra 48.21% de Flávio Bolsonaro, según el tribunal electoral.
El PAN y Milei
En México, Tumbaburros pone como ejemplo al PAN. Lo ve dividido entre dos impulsos: apoyar a la derecha internacional, la de Vox y Trump, y presentarse como un partido liberal, más parecido a los demócratas de Estados Unidos. Para él, esa indefinición no convence a nadie. Le quita tono ideológico al partido y deja fuera a las bases que se identifican con un proyecto de derecha.
Su crítica a la oposición mexicana viene de antes. En enero de 2025 dijo a Eje Central que en México no existe una derecha real y que la actual es “la oposición más rica pero la más perdedora de la historia”. Sobre sus dirigentes, lanzó una sospecha: que “ya se vendieron a Andrés Manuel”. Calculó entonces que construir una nueva derecha tomará muchos años.
El otro ejemplo es Javier Milei. Tumbaburros sostiene que la gente de derecha necesita dos cosas a la vez: políticas con las que se identifique moralmente y políticas públicas populares. Con Milei, a su juicio, en algún sentido ha pasado lo contrario.

Los “Trumpitos”, sin respaldo
La derrota republicana dejó expuesta esa fractura en la región. Para la internacionalista María Zuluaga, consultada por Proceso, los presidentes alineados con Trump “lucraron políticamente” con su fuerza, y ahora resentirán el golpe. En Argentina, el temor a que Trump ya no pueda ayudar a Milei hizo subir el riesgo país a 841 puntos. En Chile, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta un arancel de 12.5% sobre un tercio de sus exportaciones pese a su alianza con Trump.
La reacción de Evelyn Matthei, de la derecha tradicional chilena, ilustra la división que describe Tumbaburros. Mientras los gobiernos más cercanos a Trump lamentan su derrota, ella llamó al triunfo demócrata “una buena noticia para Chile”.
Desde otro lugar, el economista Enrique Cárdenas llegó a una conclusión cercana. En una columna en La Silla Rota sostuvo que el giro a la derecha en la región no fue necesariamente ideológico. Lo describió como “un ajuste de cuentas de los electores” contra gobiernos que no dieron resultados en seguridad, corrupción y servicios.
Lo que viene
La advertencia llega a México a siete meses de la elección intermedia de 2027. Tumbaburros apuesta por construir una derecha abiertamente ideológica, conservadora y liberal en lo económico, una tarea que él mismo calcula de años.
Su diagnóstico deja una pregunta para la oposición mexicana y para los gobiernos de derecha de la región. Si ganaron como voto de castigo, el mismo mecanismo puede sacarlos del poder. Y si su base nunca encontró un proyecto con el cual identificarse, la derecha tendrá que decidir pronto si quiere convencer o solo ganar.

