- Rafa Márquez y las posibilidades de un nuevo comienzo desde cero: “Todo lo vivido forma parte de las combinaciones que nos trajeron hasta aquí”
Rafa Márquez vuelve a empezar.
Hay algo conmovedor en los hombres que vuelven a empezar cuando ya han vivido suficiente para saber que empezar de nuevo nunca significa hacerlo desde cero.
Llega a la Selección mexicana con una historia a cuestas: la suya, la de una generación, la de un equipo que ya fue muchas cosas antes de que él vuelva a intentar convertirlo en otra.
También llega acompañado de piezas que ya estaban ahí: algunas conocidas, otras nuevas; algunas vienen de muy lejos, otras pertenecen a la memoria reciente del fútbol mexicano.
Entre ellas, Salvador Aguilera, jefe de prensa de la Selección, a quien le tocará contar esta nueva historia desde cerca.
No tiene un lienzo en blanco.
Tiene trozos.
Y quizá comenzar algo consista precisamente en eso: mirar lo que ya existe y preguntarse qué otra cosa puede llegar a ser.
Eso me interesa más que la discusión sobre quiénes forman su equipo.
Se ha hablado demasiado del origen de quienes lo acompañan. Como si para construir algo propio fuera necesario pensar solamente con ideas nacidas en casa.
En un mundo deportivo cada vez más transnacional, las mejores ideas no respetan fronteras.
Una selección necesita identidad; no necesariamente necesita que todas sus ideas hayan nacido dentro de casa.
Las culturas más vivas nunca fueron las más puras. Fueron las que aprendieron a mezclarse sin dejar de ser ellas mismas.
Hibridación.
Lo que ocurre cuando dos cosas, al encontrarse, dejan de ser exactamente lo que eran.
Hace unos días empecé a leer Los comienzos. El autor dice que, si queremos pescar al vuelo esas ocasiones fugaces, esas partículas de lo posible, debemos adoptar el espíritu del cazador o del poeta.
Quizá para empezar haya que ser ambos.
Después elegimos.
Y elegir es una de las formas más silenciosas de perder.
Cada elección fabrica un pasado.
Lo que elegimos se convierte en nuestra vida.
Lo que no elegimos, en todo aquello que pudo haber sido.
Ciudades a las que llegamos porque no llegamos a otra.
Trabajos que aceptamos porque otro no ocurrió.
Incluso hay versiones de nosotros mismos que existen únicamente porque hubo quienes tuvieron que quedarse atrás.
Hay una memoria del casi.
Sólo mucho después, cuando miramos hacia atrás, descubrimos cuántas vidas quedaron detrás de la vida que finalmente vivimos.
El pasado es el territorio de las combinaciones que ya ocurrieron.
El futuro todavía no ha elegido.
La vida rara vez avisa cuándo está empezando algo.
Que hubo personas que fueron el principio de algo y nosotros no lo supimos.
Que hubo conversaciones que parecían una más.
Que hubo mañanas que contenían una vida distinta y nosotros simplemente desayunamos y salimos de casa.
Quizá por eso necesitamos al poeta y al cazador.
Entre los dos hay una forma de esperanza que me interesa más que la optimista: no creer que el futuro será mejor, sino aceptar que todavía no sabemos qué será.
La incertidumbre, a veces, es la última forma de libertad.
Una selección nacional también puede vivir en ese espacio entre lo que ya fue y lo que todavía puede ser.
La historia no desaparece.
La camiseta tiene memoria.
Pero la memoria no decide por completo lo que viene.
Ojalá dentro de unos años podamos mirar hacia atrás y descubrir que aquí había comenzado algo que entonces apenas podíamos intuir.
Pienso entonces en Iván Ferreiro y su Trinchera Pop.
En una de sus canciones, En el alambre, dice que, si juntamos muchos trozos y hacemos una tregua, cientos no son una unidad.
Por eso espero que este nuevo ciclo no sea una tregua.
Que sea una fiesta.
“Si juntamos muchos trozos y hacemos una fiesta, cientos ya son una unidad.”
Ojalá.
Esta Selección también está en ese instante extraño: todavía no sabemos qué historia estamos viendo comenzar.
Una mañana que aún no sabemos si algún día recordaremos.
En Casablanca siempre nos quedará París.
Mucha suerte, Rafa.
Que tengas la mirada del poeta para reconocer aquello que todavía no existe.
Y el instinto del cazador para ir detrás de ello.
Todo lo vivido —lo que perdimos, lo que encontramos, lo que no supimos reconocer— forma parte de las combinaciones que nos trajeron hasta aquí.
Y, sin embargo, todavía no sabemos qué significa este aquí.
Benditos días cero.

